Mostrando entradas con la etiqueta Sociedad Civil.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sociedad Civil.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de febrero de 2018

América Latina DECIDE


Estamos ad portas de un año eminentemente electoral en toda la región. Este año se llevará a cabo doce elecciones en nueve países de la región, incluyendo seis elecciones presidenciales. Ello implica que casi dos tercios de la población de América Latina irán a elecciones este 2018, en países como Colombia, Brasil, México, Costa Rica y Paraguay. Aunque la regla de la mayoría es la democracia, no faltan las excepciones en las que encontramos a Cuba, en búsqueda de elecciones libres, y Venezuela que convocó elecciones presidenciales este 20 de mayo pero con la incertidumbre de no saber bajo qué condiciones se llevarán a cabo, ya la Mesa de Unidad Democrática -MUD- anunció que no participará por no tener las garantías suficientes para la oposición. A su vez, el proceso electoral en Nicaragua continúa caracterizado por deliberadas restricciones a la competencia política mediante coacción parlamentaria, y en Honduras el alcance que tuvo las irregularidades de las recientes elecciones defectuosas ha generado grandes cuestionamientos al proceso electoral generando una fuerte inestabilidad. 

Podemos ver que estos comicios latinoamericanos serán la prueba de fuego de la democracia y una muestra empírica de cómo se encuentra cada uno de esos países a nivel de instituciones democráticas, libertades y el Estado de Derecho.  En Colombia por ejemplo, se está en búsqueda de una gran reforma electoral, judicial y política, donde los múltiples candidatos a la presidencia lanzan sus propuestas en torno al cambio y a grandes transformaciones estructurales, ya es preocupante la gran desconfianza de la ciudadanía en sus instituciones democráticas. Grandes desafíos tiene la región a enfrentar como lo son: la corrupción, la violencia, la desigualdad y un desarrollo integral que implique crecimiento económico sin destruir el medio ambiente, ya que de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), este año también debería significar una gran aceleración para el crecimiento de América Latina. Pero como diría el viejo dicho, a nuestros países siempre le “está faltando el centavo para el peso”, ya que el desarrollo democrático queda incompleto cuando se va bien en la economía pero las instituciones políticas y sociales no funcionan. 

Existen grandes interrogantes y cuestionamientos acerca de la apertura de Cuba y sus nuevas relaciones con Estados Unidos, la implementación del proceso de paz en Colombia y la gran agitación en las elecciones presidenciales de Venezuela y Brasil. Más aún cuando vemos un contexto internacional único y singular, un cierto fenómeno “Trump” que está impregnando toda la región y el cambio ideológico de los gobiernos de izquierda a administraciones más derechistas, ejemplo de ello sería Argentina, que eligió a Mauricio Macri en octubre de 2015, Perú al eligir a Pedro Pablo Kuczynski en abril de 2016 y Chile con Sebastián Piñera en diciembre de 2017. Esta tendencia se mantiente, ya que el pasado 4 de febrero de 2018, hubo sorpresa con la reciente victoria en primera vuelta del candidato evangélico del Partido Restauración Nacional Fabricio Alvarado, en Costa Rica.

Es importante afirmar, que si bien las elecciones son fundamentales para el futuro de la región, porque tal y como lo dijo Jim Swigert, Director regional del NDI para América Latina y el Caribe, “las malas elecciones son catalizadoras de la inestabilidad”, considero que el compromiso y los esfuerzos continuos por el rescate de los valores democráticos deben ir más allá del día del proceso electoral. Esta responsabilidad debe partir de cada ciudadano, de cada familia, y sobre todo de la sociedad civil activa, unida y estratégicamente conectada.   


En pleno siglo XXI, es importante enfatizar que la sociedad civil en sus diferentes ámbitos y expresiones se encuentra más organizada, capacitada e informada que nunca antes. Las TIC han democratizado las instituciones y cada vez las han acercado más a la sociedad, por eso se pueden evidenciar más de cerca sus imperfecciones. Hoy tenemos ciudadanos saturados de información junto a una nueva generación de milennials que está buscando caminos diferentes y alternativos de participación cívica. Tenemos ciudadanos con demandas son mucho más exigentes.


Los jóvenes latinoamericanos están más abiertos a los cambios sociales, a actuar en pro de la reivindicación de derechos, y su constante hastío por lo público ha llegado a niveles alarmantes. En este contexto podemos ver que la lucha contra la corrupción endémica será el eje central donde muchos de los candidatos tomarán bandera para hacer campaña, y Colombia no es la excepción. Como país estamos en uno de los momentos más críticos de nuestra historia, en búsqueda de la implementación del Acuerdo de paz con las Farc, las negociaciones con la guerrilla del ELN, la lucha contra la malversación de dineros públicos y un estado de emergencia moral en todas las ramas del poder. Como en muchos países homólogos, es evidente que tendremos el año electoral más incierto y polarizado de las últimas décadas. 

Twitter. @TaniaLopezLizca

lunes, 7 de agosto de 2017

Generación Bottom-up: un desafío mundial

Resumen
En medio de grandes crisis, guerras y convulsiones a escala mundial. Los ciudadanos están en búsqueda de respuestas a la crisis institucional y a la acentuada ola de deslegitimidad que atraviesa la política contemporánea en nuestros países. A través de propuestas eficaces que fortalezcan el tejido social y den vía libre al ejercicio del verdadero poder -más allá de la autoridad- el cual se ejerce a través de un liderazgo de transformación civil que proviene desde un enfoque bottom-up de la sociedad civil en contravía al enfoque tradicional top-down del Estado. Solamente es posible la apertura de nuevos espacios de participación, interés y confianza en el sector público si este cambio generacional se efectúa desde la población joven comprometida a generar procesos de comportamiento activo que genere acción, reflexión, organización y articulación en todos los sectores de la sociedad.


Palabras clave: Sociedad Civil - Liderazgo - Juventud

El devenir de la humanidad a lo largo de historia ha buscado los mejores caminos para florecer como sociedad. Esta búsqueda ha venido acompañada de la constante preocupación de vivir bajo ciertas de normas de convivencia, límites a la conducta individual, principio de legalidad y la regulación de un sistema económico a través de un ordenamiento jurídico basado en la justicia social. Estas condiciones han sido el pilar de la construcción de un Estado Social y democrático de Derecho que ha dado como resultado en el siglo XXI, en la mayoría de los casos, un modelo de naciones desarrolladas, libres y autónomas.
Frente a este entorno de gran ilustración humana, alcanzamos a vislumbrar diferentes matices imperfección, ya que el ser humano al ser corruptible igualmente erige instituciones parecidas a su ser. Es ahí cuando aparece una crisis de legitimidad de las instituciones y del sistema de gobierno producto de los malos manejos de los recursos públicos, y la corrupción que según el último índice de percepción de Transparencia Internacional, entre las instituciones y los empleados públicos sigue siendo común, ni un solo país, en cualquier parte del mundo, es libre de corrupción[1]. A la vez, hemos convertido el ejercicio de la construcción pública en una lucha dialéctica de redefinición de poder entre el Gobierno y la sociedad civil, que ha dado como resultado la distorsión de buenas intenciones del poder gubernamental en malas gestiones que afectan siempre a la comunidad.
Teniendo en cuenta la definición de Estado de Sánchez Agesta, como “una comunidad organizada en un territorio definido, mediante un orden jurídico servido por un cuerpo de funcionarios y definido y garantizado por un poder jurídico, autónomo y centralizado que tiende a realizar el bien común, en el ámbito de esa comunidad”[2], vemos como el Estado, se convierte en ese actor encargado de ejercer el monopolio legítimo de la fuerza, regular las relaciones internacionales y promover orden social pacifico en el territorio. Si bien una causa loable, este ideal de bien común en muchas ocasiones ha llegado al extremo de socavar el libre ejercicio de las libertades individuales por el “beneficio colectivo” tal como ocurre en la actualidad en países como China, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, entre otros.
Por tal razón, una sociedad civil empoderada y consciente de su libertad buscará de cualquier manera crear las condiciones para que cada quien alcance la prosperidad y plenitud mediante sus medios, trabajo y esfuerzo personal. Esto no será fácil, pero tampoco imposible, ya que según el informe de Libertad en el mundo de Freedom House: “en los últimos 10 años, 105 países han visto una disminución de la libertad neta, y sólo 61 han experimentado una mejora neta”[3], es decir en la mayoría de países ha venido declinando las variables de derechos políticos, económicos y libertades civiles dando como resultado un rating general de libertad.
Ahora bien, al diferenciar el poder del liderazgo, debemos partir de la distinción entre poder, liderazgo y autoridad. La autoridad claramente se refiere al status o posición jerárquica que tiene una persona sobre otra u otras; el poder hacer referencia a la capacidad de acción y de transformación de situaciones; y por último, el liderazgo es la aplicación del poder para influir a otros hacia un objetivo común. Aunque los tres conceptos están íntimamente relacionados, no siempre se asume que la autoridad genera un liderazgo legítimo con límites al poder, ya que es evidente múltiples casos en los cuales funcionarios públicos, con un claro nivel de autoridad sobre la ciudadanía ejercen el poder gubernamental (ejecutivo, legislativo y judicial) de manera arbitraria para lucrarse, con base en sus intereses y fines personales.
Por tal motivo, al revisar el funcionamiento del Comercio Internacional observamos que “la globalización de las relaciones económicas, con el entrelazamiento cada vez más intenso de los mercados nacionales y una alta movilidad del dinero y el capital físico”[4] genera nuevos retos en un mundo competitivo con una relación simbiótica entre el mercado y el Estado, donde se equilibran mutuamente. Los desafíos que enfrentamos son muchos, varios de ellos relacionados con el desarrollo sostenible y sustentable, la libertad en el acceso de la información, el reducir las brechas de desigualdad y el bienestar social para todos; por ello no es baladí hablar acerca de la gestión que ejerce el Estado sobre la sociedad, y de qué forma lo realiza.
No quiero concluir este ensayo sin afirmar que la comprensión de una sociedad libre va más allá de imposiciones top-down a través de las cuales el Estado se convierte en señor y dueño de los ámbitos más personales e íntimos del ser humano, y por ende, se pierde toda noción de libertad. El verdadero poder se ejerce a través de un liderazgo de transformación civil que viene de un enfoque bottom-up, cuando la sociedad civil organizada decide romper ese sistema de yugo, subordinación y permite que cada ser humano genere per se y mediante la acción -tal como lo afirma el individualismo metodológico- sus óptimas condiciones de vida, con un Estado mínimo en su justa medida y sobretodo, garantizando el pleno goce de los derechos fundamentales e inalienables, como: la vida, la libertad, la igualdad y la búsqueda de la felicidad.
Esta sociedad civil organizada activa y destacada, en mi experiencia personal, la he visto reflejada en la población joven en América Latina que hoy en día según cifras del UNFPA alcanza el 40% población, así mismo, Colombia no se queda atrás con una juventud que representa casi el 30% de su población total, es decir, vivimos en un continente y en un país joven, pero al mismo tiempo esta población es la más vulnerable a sufrir flagelos y vulneraciones de todo tipo. Al ver estos índices es evidente que no podemos desaprovechar la brecha generacional que se está abriendo, la cual se convierte en un escenario de oportunidades, creatividad e innovación para ser solución y no parte del problema.
Bibliografía
v  Informe de Libertad en el mundo de Freedom House.
v  Índice de percepción de corrupción 2015. Disponible en http://www.transparency.org/cpi2015
v  Enciclopedia Jurídica. Definición de Estado. Disponible en http://www.enciclopedia-juridica.biz14.com/d/estado/estado.htm
v  Freedom in the world 2016. Anxious Dictators, Wavering Democracies: Global Freedom under Pressure. Disponible en https://freedomhouse.org/report/freedom-world/freedom-world-2016
v  Herdegen, Mathias. Derecho Económico Internacional. Konrad Adenauer Stifftung. Programa Estado de Derecho para América Latina. Tema 2 Globalización de las relaciones económicas. Pág. 9.




[1] Índice de percepción de corrupción 2015. Disponible en http://www.transparency.org/cpi2015
[2] Enciclopedia Jurídica. Definición de Estado. Disponible en http://www.enciclopedia-juridica.biz14.com/d/estado/estado.htm
[3] Freedom in the world 2016. Anxious Dictators, Wavering Democracies: Global Freedom under Pressure. Disponible en https://freedomhouse.org/report/freedom-world/freedom-world-2016
[4] Herdegen, Mathias. Derecho Económico Internacional. Konrad Adenauer Stifftung. Programa Estado de Derecho para América Latina. Tema 2 Globalización de las relaciones económicas. Pág. 9

lunes, 12 de septiembre de 2016

¿Para qué un plebiscito por la paz?

Hoy, los colombianos nos preguntamos qué posición tomar frente a los Acuerdos de Paz que se están dialogando en La Habana, pero más específicamente frente al Plebiscito que la Corte Constitucional recién avaló y con la cual en menos de cuatro meses mínimo 4,5 millones de colombianos deberán salir a las calles a manifestar su mandato.
¿Qué posición tomar? muchos se preguntarán. Puedo decirles que mi posición frente al Plebiscito por la Paz que buscar darle fin al conflicto armado interno va más allá de estar en medio de una campaña de los “amigos de Santos” por un lado, y por el otro, de los que apoyan la resistencia civil y se consideran “amigos de Uribe”. Mi compromiso con los cambios que necesita nuestro país y mi amor por Colombia no se pueden reducir a una pregunta cerrada de Sí o No, ya que quiero apelar más a la sensatez y la razón que a las pasiones ideológicas. Vivimos en una época dominada por el emotivismo, no podemos permitir que la propaganda del Gobierno o contundentes discursos decidan por nosotros, teniendo en cuenta que ésta es una decisión muy importante que debe ser asumida con total responsabilidad, reflexión y conciencia de lo que será mejor en definitiva para Colombia.
Considero que el Plebiscito de la Paz, si bien no era el mecanismo más idóneo para refrendar los acuerdos por parte del pueblo colombiano y avalar los diálogos de La Habana, debe ser analizado detenidamente y por ello, este escrito tiene un fin más pedagógico y de conciencia ciudadana que de polarización política. En el fondo la Paz no es un sentimiento, es una decisión. Una decisión en pro del futuro y contra el pasado.
Es importante aclarar que si se llega un acuerdo, se va a firmar la terminación del conflicto armado interno, ya que la Paz no se firma. La Paz se hace y se construye día a día a través de la transformación de los territorios por medio de la garantía de los derechos fundamentales de los ciudadanos, garantizando bienes y servicios públicos a todos, especialmente a aquellas poblaciones más vulnerables y azotadas por la violencia. Es imperativo la construcción conjunta del tejido social con un enfoque territorial entre el Gobierno nacional, gobierno local, sector privado y empresas, organizaciones sociales y sus comunidades, iglesia, academia y todos los ciudadanos a través de una movilización positiva. La participación de la sociedad civil será vital desde un enfoque Bottom-Up (de abajo hacia arriba) en donde todos nosotros tendremos una oportunidad histórica de enfrentar este enorme desafío de reconstruir nación.
Hasta el momento se ha llegado a cuatro acuerdos de los seis puntos planteados en elAcuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz duradera y estable, el primero de ellos, trata una Reforma Rural Integral –RRI- que sienta las bases para la transformación estructural del campo, crea condiciones de bienestar para la población rural y un desarrollo integral con enfoque territorial; Segundo, el Acuerdo de Participación Política busca una ampliación democrática que permita que surjan nuevas fuerzas en el escenario político, fortalecer el pluralismo con las debidas garantías de participación, oposición e inclusión política; Tercero, el Acuerdo trata sobre la solución al problema de las drogas ilícitas en la cual si bien el conflicto interno precede al narcotráfico éste la ha atravesado de manera transversal y es una problemática que debe analizarse desde la sustitución de cultivos ilícitos, tratamiento de los consumidores y la lucha contra la criminalidad, la corrupción y la narcopolítica; Por último, el Acuerdo sobre víctimas se convierte en el centro de los diálogos, ya que busca conocer las causas del conflicto a través de una Comisión histórica del conflicto y sus víctimas (CHCV), esclarecer los hechos y los motivos de la permanencia del conflicto en el tiempo, para otorgar a la vez una plena satisfacción a los más de 7 millones de víctimas que ha dejado la guerra a lo largo de las últimas décadas. También se creó una subcomisión del fin del conflicto y de género que apoyan con insumos a la mesa del Gobierno y de las Farc.
Esto es solo un abre bocas de lo que se ha venido realizando desde el Gobierno Nacional y de las vicisitudes que traerá consigo este Acuerdo Final. Por ello, la invitación es a que se informe usted mismo, lea los acuerdos, no se quede con las minucias que le brindan los medios de comunicación o el sesgo de muchos analistas políticos. No pretendo convencerlo de nada, lo invito a que se haga su propio concepto de lo que se ha venido acordando desde La Habana, y no está de más recomendarle una herramienta útil, un curso gratuito de http://territoriosporlapaz.gov.co/enterese-del-proceso-de-paz#modulos para informarse mejor de los Acuerdos. Decida por usted mismo, ya que Colombia nos necesita, pero nos necesita informados y preparados.

domingo, 10 de abril de 2016

NINIs y el camino hacia la PAZ

¿Si alguien nos preguntara que una persona es un o una NINI, qué es lo primero que se nos vendría a la mente? ¿Seguramente, que así se llama, que tiene una característica especial, una personalidad singular, o se refiere a un personaje animado? Antes de responder este interrogante, y la complejidad que encierra el concepto NINI quiero que seamos conscientes de la situación democrática que vivimos como latinoamericanos.

Varios países en América latina vienen creciendo económicamente, no siendo Colombia la excepción, con un crecimiento del 3,2% en el 2016 como año importante de contracción para el sector minero-energético. Las economías fuertes crean un ambiente de bonanza y prosperidad material pero en nuestra región ello no se ha visto reflejado directamente en la calidad y mejora de vida de la sociedad, especialmente en la población juvenil. El fenómeno NINI es una muestra de la ineficacia de los gobiernos en satisfacer las Necesidades Básicas Insatisfechas y derechos fundamentales garantizados constitucionalmente como lo es el Derecho a la educación y el Derecho a un trabajo como una obligación social en condiciones dignas y justas.


El Banco Mundial lanzó recientemente un informe acerca de los NINIs en América Latina, el cual se refiere a los jóvenes que NI estudian NI trabajan, esta población suma más de 20 millones de jóvenes entre 15 y 24 años. La pregunta importante ahora seria ¿Qué va a pasar si no abordamos esta problemática?

Lo primero que va a suceder será la perpetuación y contribución a la transmisión intergeneracional de la desigualdad de género y pobreza. El 60% de los NINIs de la región viven en hogares pobres o vulnerables y el 66% son mujeres, por causas como el matrimonio antes de los 18 años y el embarazo adolescente. Pero también el número de hombres NINIs ha aumentado, ello se encuentra vinculado a que en muchos casos existe deserción escolar temprana para trabajar y se da la posterior pérdida del empleo, este desempleo se mantiene, ya que los jóvenes por no tener las calidades necesarias para un trabajo formal, se conforman con empleos informales o inestables.

Segundo, el fenómeno NINI en América Latina puede estar vinculado a la delincuencia y violencia. En contextos de crimen organizado como sucede en Colombia, los jóvenes pueden verse involucrados en violencia, y se van produciendo ciclos en los cuales generación tras generación se acentúa el conflicto en la sociedad. 

Tercero, la región no se beneficiaría de la transición demográfica que se abre para América Latina. Se puede frenar por completo las ventajas del dividendo demográfico, en el cual Colombia se ubica entre uno de los países más jóvenes del continente con más del 28% de población entre los 14 y 28 años de edad. Si no atendemos a tiempo el fenómeno NINI vamos a tener gran limitación en la formación integral de capital humano, fuga de cerebros, y sin oportunidades de educación y trabajo para la juventud nuestro desarrollo social simplemente se estancaría. 

¿Y el camino hacia la PAZ?

Ahora bien, frente a esta desoladora situación, los jóvenes debemos plantearnos la decisión de no esperar que las soluciones vengan de afuera, la propuesta intergeneracional del postconflicto se debe comprender una visión holística desde ya, de cara al momento histórico que estamos viviendo y no ser indiferentes, no vivir en el pasado, ni lamentarnos más de la situación crítica que nos rodea.

Se abren diferentes alternativas políticas, estrategias legales y jurídicas para la resolución de la agenda de seis puntos pactada entre el Gobierno Nacional y las FARC llamada: ‘Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera’. Aun no nos ponemos de acuerdo en los caminos que debemos tomar, teniendo la precaución que algunos de ellos se pueden convertir en callejones sin salida. La Paz de Santos no ha podido congregar al país en un mismo sentir y corazón para lograr un apoyo eficaz al mismo proceso. El equipo negociador le deja al país un acuerdo viciado de falta de unanimidad e integración con la ciudadanía, escepticismo y legitimidad.

Independientemente de los esfuerzos, sólo algunos de los puntos de la agenda han sido acordados como lo es desarrollo rural, participación política, drogas ilícitas y víctimas; pero no nos hemos podido poner de acuerdo en la refrendación, las zonas temporales de ubicación que daría paso a un cese al fuego bilateral, y costos de la paz. El desarme, la desmovilización y la reintegración es otro tema sin resolver, con la esperanza de que en los últimos 20 años se han desarrollado procesos exitosos de DDR en más de 52 países con participación y verificación de organismos internacionales.

El otro punto es el mecanismo de legitimación de los acuerdos de paz en La Habana con las FARC que puede ser vía plebiscito (con el 13% del censo electoral, lo que equivaldría al menos a 4,4 millones de votos) como un mecanismo de participación ciudadana; una declaración unilateral del presidente o una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Cualquiera que se llegue a dar funcionará si no se pasa de largo al constituyente primario, ya que el verdadero legitimador del proceso no será la guerrilla, la comunidad internacional o el Gobierno Nacional sino la sociedad civil, la población colombiana, o sea, cada uno de nosotros como únicos receptores directos de las consecuencias de las negociaciones.


Publicado en @ElTiempoBlogs vía http://bit.ly/1SWghhC